Durante el invierno, las plantas ingresan en un estado de dormición, un mecanismo esencial para resistir las bajas temperaturas y condiciones adversas. Aunque pueda parecer una etapa de inactividad, es en realidad una estrategia clave de supervivencia. Antes de llegar a este punto, han pasado por el otoño, un período de preparación en el que acumulan reservas y fortalecen sus estructuras. Todo este proceso les permite enfrentar el invierno con éxito.
Qué es la dormición en las plantas
La dormición es un estado fisiológico en el que las plantas reducen su actividad metabólica para protegerse del frío y la sequía. No es un signo de deterioro, sino una adaptación natural que les ayuda a conservar energía y sobrevivir hasta la llegada de condiciones más favorables.
Durante la dormición, el crecimiento se detiene o se vuelve imperceptible.
Pero no todas las especies se comportan igual. Algunos árboles caducifolios pierden completamente sus hojas, transfiriendo nutrientes a las raíces. Otras especies perennes o arbustivas mantienen su follaje, pero reducen notablemente la actividad fisiológica.
En esta etapa:
- No hay floración ni crecimiento visible.
- Puede haber recambio de hojas, pero en menor proporción.
- No es recomendable realizar podas drásticas.
Este proceso está regulado por señales internas (como las hormonas) y externas (temperatura, horas de luz). Comprenderlo permite ajustar las prácticas de jardinería y así acompañar de la mejor manera a las plantas a atravesar la estación fría.
Práctica indispensable: Enmendar y nutrir el suelo
Una de las prácticas clave es la incorporación de materia orgánica. Agregar compost, humus de lombriz o mantillo —ya sea en suelo o en sustrato— mejora la estructura del medio de cultivo, activa la biología del suelo y libera nutrientes esenciales para las plantas.
Durante otoño la demanda de nutrientes es alta porque las plantas se encuentran en crecimiento activo, así que es ideal dejarles nutrientes a disposición en esta estación y en invierno.
Al enmendar el suelo, alimentamos a los microorganismos benéficos que descomponen la materia orgánica y la transforman en compuestos absorbibles por las raíces. Esta estrategia permite que las plantas acumulen reservas durante toda la temporada.
Además, es recomendable incorporar coberturas como hojas secas, paja, corteza de pino, ya que aportan un efecto buffer a la amplitud térmica, reducen el crecimiento de malezas y, a medida que se descomponen, aportan más nutrientes al suelo.
Recomendación: realizar enmiendas al inicio de cada estación para mantener la fertilidad del suelo sin sobre estimular el crecimiento.

Otra práctica indispensable: Controlar plagas y enfermedades
El invierno es una estación clave para el control de plagas, ya que muchas de ellas logran sobrevivir desde el otoño y continúan afectando las plantas en los meses más fríos. Las cochinillas, por ejemplo, pueden permanecer y debilitar la vegetación si no se actúa a tiempo. Con las temperaturas en descenso, los días más cortos y una menor biodiversidad en jardines urbanos, las plantas están más expuestas y requieren un manejo preventivo. Identificar signos tempranos de infestación y actuar con métodos respetuosos con el entorno es esencial para mantener un equilibrio saludable en el jardín.
En espacios verdes sanos la presencia de algunos insectos no es motivo de alarma; sin embargo, si una planta muestra signos de debilidad (hojas comidas, aspecto decaído), se debe intervenir.
Estrategias recomendadas:
- Limpieza manual de hojas y tallos.
- Aplicación de preparados caseros o insecticidas orgánicos si la plaga persiste.
- Fomentar el equilibrio natural con asociaciones de plantas que atraigan fauna benéfica.
Cómo mantener la planta saludable
En sanidad vegetal, se utiliza el concepto del triángulo de la enfermedad que indica que para que una plaga dañe a una planta deben coincidir tres factores:
- Presencia del patógeno.
- Condiciones ambientales favorables al ataque.
- Una planta susceptible.
De estos tres elementos, el único que podemos controlar con eficacia es la salud de la planta. Una planta vigorosa, bien nutrida y adaptada al entorno resistirá mejor cualquier ataque. Para fortalecer el sistema radicular, además de compost, se puede aplicar humus de lombriz en superficie.
El objetivo no es forzar el crecimiento, sino proveer nutrientes disponibles para cuando la planta los necesite. Al trabajar sobre el suelo más que sobre la planta, se potencia la microfauna y se genera un entorno estable y resiliente.
Atención con la poda
Mitos y reglas antiguas sobre la poda
- Ya no se considera una regla podar en los meses sin «erre» ni que los caducos deban podarse exclusivamente en invierno.
- Cada especie tiene una época, intensidad y técnica de poda adecuada.
Época de poda según la floración y fructificación:
- Se concentra a fines de invierno y principios de primavera para las plantas que florecen en primavera.
- Los árboles frutales que han producido frutos hasta otoño pueden recibir una poda de limpieza y fructificación en invierno.
Períodos de carencia que deben respetarse ( y no podar):
- Senescencia de hojas: cuando las hojas amarillean y caen.
- Brotación: inicio del crecimiento de nuevos brotes.
Poda en verde vs. poda invernal:
- La poda en verde (final de primavera y comienzo de verano) permite que el proceso de compartimentación (CODIT) se inicie de inmediato tras la herida.
- La poda en invierno provoca un retraso de semanas o meses en el proceso de cicatrización, exponiendo la herida por más tiempo.
Cómo se comportan las plantas de interior en invierno
Las plantas de interior, en su mayoría de origen tropical, no están adaptadas a la sequedad ambiental ni a las variaciones térmicas del invierno en interiores calefaccionados. Al reducirse la luz solar y disminuir la humedad relativa por el uso de calefactores, se genera un ambiente artificial que confunde a las plantas y puede afectarlas.
Cuidados recomendados:
- Mantener la humedad ambiental (reunir plantas en grupos, colocar humidificadores, evitar corrientes de aire).
- Evitar el exceso de riego (el sustrato se seca más lentamente).
- Ubicarlas cerca de la fuente de luz natural.
Consideraciones finales
El otoño es una estación clave para preparar el jardín de cara al invierno. Las tareas deben centrarse en fortalecer el suelo, prevenir desequilibrios y entender los ritmos naturales de las especies que cultivamos. Asociar plantas con requerimientos similares, elegir el lugar adecuado para cada una y evitar intervenciones innecesarias son decisiones que contribuyen a un jardín saludable y resiliente.
Las plantas no necesitan de nosotros, pero pueden beneficiarse de una mirada atenta y respetuosa de sus ciclos. Observar, interpretar y acompañar sus ritmos es la mejor forma de cuidar.
Si te gustaría que cuidemos a tus plantas no dudes en contactarnos.

