Cómo cuidar tus kokedamas: consejos clave

Las kokedamas despiertan curiosidad apenas se las ve. Capturan la mirada: plantas que parecen levitar envueltas en sus esferas de musgo. Esta técnica japonesa, que une sencillez y delicadeza, convierte lo cotidiano en arte vivo. En esta nota, te contamos cómo crear una, qué especies se adaptan mejor y qué cuidados necesitan para seguir flotando en su pequeña órbita verde.

¿Qué es una kokedama?

La técnica del kokedama proviene de Japón y está emparentada con el arte del bonsái. Su principio es simple: cultivar una planta sin maceta, en una esfera de sustrato envuelta en musgo. Esta forma de cultivo busca generar un microambiente equilibrado, donde la humedad, el aire y la luz se distribuyen de manera natural alrededor de las raíces.

En la versión tradicional japonesa, el recubrimiento exterior de la bola es musgo vivo, y esa condición determina qué plantas pueden adaptarse y cuáles no.

Cuál es la técnica para hacerlas

En el interior de la kokedama se forma una estructura compuesta por capas. En el centro se ubica el akadama, el mismo sustrato usado en bonsái: pequeñas esferas de arcilla cocida que retienen humedad. Esta capacidad de absorber y liberar agua permite mantener un equilibrio constante, evitando que la planta se deshidrate.

Sobre ese núcleo se coloca la mezcla de sustrato donde irá la planta, y finalmente se cubre todo con musgo tipo sphagnum.

Qué plantas se pueden hacer en kokedama

Las plantas que prosperan mejor en kokedama son aquellas que disfrutan de la humedad ambiental y se benefician de un sustrato siempre ligeramente húmedo. Entre ellas, destacan las plantas de interior tropicales como los helechos, las pileas, las marantas y las calateas.

Estas especies comparten necesidades similares de riego, luz y temperatura. Su mantenimiento es más estable que en maceta, ya que el musgo ayuda a conservar la humedad del entorno radicular y a evitar los extremos de sequedad.

Un helecho en una esfera de musgo

Qué plantas no son aptas

Las suculentas no son compatibles con la técnica tradicional del kokedama. A diferencia de las plantas tropicales, retienen gran cantidad de agua en sus tejidos y necesitan sustratos muy drenantes y ambientes secos y luminosos.

Para adaptarlas, habría que modificar los tres componentes esenciales de la técnica: eliminar el akadama, reemplazar el musgo por otra cobertura (como fibra de coco) y usar un sustrato más arenoso. Sin embargo, estas variaciones se alejan del concepto original.

Además, las suculentas no se adaptan bien a formatos colgantes: con el tiempo tienden a reorientarse hacia la luz, deformando la composición.

Cómo cuidarlas

El riego es el punto más importante de su mantenimiento. Debe hacerse por inmersión, sumergiendo la esfera en un recipiente con agua hasta que deje de burbujear, lo cual indica que el sustrato se saturó. El tiempo ideal de inmersión es breve —entre 15 y 30 segundos—, y luego se debe dejar escurrir durante unos minutos antes de devolver la kokedama a su lugar.

En promedio, el riego se realiza cada cinco días, aunque puede variar según el clima y las condiciones del ambiente. Entre riegos, se recomienda atomizar la superficie del musgo para mantener la humedad exterior.

Una guía práctica es observar el color del musgo:

  • Verde intenso → buena humedad.
  • Verde amarillento o reseco → necesita riego.

También puede palparse la tierra en la parte superior; si está seca, es momento de sumergir.

Las plantas tropicales que se usan en kokedama no deben recibir sol directo. Requieren luz suave e indirecta, temperaturas estables y ambientes húmedos.

Cómo tratar el musgo

El musgo cumple un papel esencial: retiene la humedad y protege las raíces del contacto directo con el aire. Sin embargo, es una planta viva que responde al ambiente.

Cuando la humedad ambiental baja, el musgo puede entrar en un estado de hibernación: se seca, se contrae y cambia de color, pero puede revivir al recuperar la humedad. Si el secado es prolongado, muere y deja expuesto el sustrato.

El exceso de agua también puede dañarlo. Si se riega en exceso o se deja sumergido demasiado tiempo, el musgo se desintegra. En ese caso, se puede reponer manualmente colocando nuevo musgo y sujetándolo sobre la superficie. Si el daño es mayor, se puede trasplantar toda la esfera a una maceta con sustrato, sin desarmarla, ya que es completamente orgánica.

La relación entre el musgo y la planta

Si el musgo está verde y saludable, la planta lo estará también. El musgo y la planta coexisten en una relación estrecha. El comportamiento del musgo refleja el del sistema completo: cuando el musgo mantiene su color y textura, indica que la planta tiene buena humedad; cuando empieza a palidecer, la planta también empieza a sufrir. Aprender a observar esas señales es parte de la práctica de cuidado que propone la técnica japonesa.

Cuidar el musgo es cuidar el equilibrio de la kokedama. Su deterioro es una señal directa del estado del sistema: cuando el musgo se reseca, el interior también lo hace; si el musgo desaparece, la estructura pierde cohesión.

Por eso, el mantenimiento constante —riego por inmersión, control de la humedad ambiental y reposición cuando sea necesario— asegura la longevidad de la pieza y el bienestar de la planta.

En la próxima entrega, vamos a detenernos en el musgo: ese protagonista silencioso que sostiene la vida en muchos ecosistemas. Hablaremos de su importancia ambiental y de por qué es urgente repensar cómo lo usamos.

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María Inés Viturro es la creadora de los contenidos de FOLIA. Con un gran compromiso para mantenerse actualizada en temas botánicos y una pasión por comunicar, redacta además las notas del blog para que te lleguen novedades y reflexiones sobre la amable ciencia de las plantas.

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