El lenguaje de las flores: historia y simbolismo

Desde la antigüedad, las flores estuvieron presentes en los momentos más significativos de la vida humana. No solo embellecían rituales y celebraciones, también funcionaban como símbolos capaces de transmitir mensajes silenciosos. En culturas tan diversas como la azteca, la persa, la japonesa y la europea, cada especie adquirió un valor propio que expresaba emociones, jerarquías o creencias.

La época victoriana y la floriografía

Entre los años 1820 y 1880, tiempos en los que las normas culturales limitaban la comunicación entre hombres y mujeres, los enamorados y pretendientes de Gran Bretaña y Estados Unidos solían enviarse mensajes en forma de ramos de flores con significados codificados. Este fenómeno se consolidó durante la era victoriana (1837–1901), cuando los ramos y los pequeños bouquets se transformaron en un código refinado para expresar sentimientos en una sociedad que privilegiaba la discreción.

El primer libro

En 1819, Charlotte de la Tour publicó El lenguaje de las flores, obra pionera que inspiró la aparición de cientos de títulos posteriores en los que cada autor aportó interpretaciones distintas, lo que generó una multiplicidad de significados difícil de decodificar. De la Tour retomó tradiciones orientales y antiguas, y estableció reglas precisas para leer las flores según su posición y modo de entrega.

Portada del libro El lenguaje de las flores

Reglas de interpretación

En su libro, la autora detallaba cómo la posición y la forma de entrega podían alterar el sentido de cada flor. Una flor en vertical expresaba un pensamiento, mientras que invertida podía llegar a transmitir lo contrario. Un capullo de rosa con espinas y hojas significaba «Temo, pero espero»; si se representaba invertido, declaraba «No hay que temer ni esperar». El mismo capullo, despojado de espinas, decía «Hay mucho que esperar»; sin hojas, «Hay mucho que temer».

La caléndula variaba según el lugar donde se colocaba: en la cabeza indicaba angustia, sobre el corazón pena de amor, en el pecho aburrimiento.

Incluso el gesto de ofrecer o aceptar una flor tenía un valor simbólico: entregarla con la mano izquierda denotaba estima; recibirla con la izquierda implicaba aceptación; con la derecha, rechazo.

Una se preguntaría cómo finalmente los jóvenes amantes, los amigos y los enemigos lograban comunicarse.

Declive y resurgimiento

Las guerras mundiales relegaron este código romántico. Sin embargo, hacia fines del siglo XX se reeditaron publicaciones que reintrodujeron la floriografía como recurso cultural y estético. Hoy, desde una perspectiva más conceptual, las flores operan como un dispositivo simbólico donde la botánica trasciende lo ornamental para asumir una dimensión narrativa.

El bouquet de Meghan Markle

El ramo de su boda, diseñado por Philippa Craddock, ejemplifica esta tradición simbólica al articular distintos niveles de sentido.

  • Vínculo personal: El príncipe Harry recolectó flores del jardín de Kensington, gesto íntimo que reforzó el lazo entre ambos.
  • Homenaje a la memoria: Se incluyó Myosotis sylvatica (no me olvides), favorita de la princesa Diana, como referencia conmemorativa.
  • Tradición monárquica: El Myrtus communis (mirto) se mantiene en los ramos reales desde el siglo XIX, asociado al matrimonio y la fertilidad.
  • Lenguaje floral clásico: Convallaria majalis, Gardenia jasminoides, Astilbe x arendsii, y Astrantia major aportaron significados de felicidad, pureza, paciencia y fortaleza.

Hoy, recuperar el lenguaje de las flores implica mirar los arreglos no solo como composiciones estéticas, sino como construcciones cargadas de sentido. Cada elección —de especie, color o forma— puede leerse como una toma de posición dentro de un sistema simbólico que, aunque transformado, sigue vigente.

María Inés Viturro es la creadora de los contenidos de FOLIA. Con un gran compromiso para mantenerse actualizada en temas botánicos y una pasión por comunicar, redacta además las notas del blog para que te lleguen novedades y reflexiones sobre la amable ciencia de las plantas.

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